Tricófero es voz que no recoge Academia. Marcos Augusto Morínigo dice en su Diccionario Manual de Americanismos lo siguiente:"m. Arg., Chile y Méx. Medicamento que sirve para conservar el pelo o darle lustre."
En la mayoría de los textos consultados, esta palabra va asociada a una marca comercial, muy popular en muchos países de Sudamérica, aunque encuentro anuncios publicitarios en la prensa española del principios del siglo XX. Así, por ejemplo, en la pág. 11 de la edición correspondiente al día 17 de marzo de 1907, que dice así:
"El cuero cabelludo es el suelo en que crece el cabello de V. La abundancia de cabello depende de la fertilidad de ese suelo. Nutra V., pues, el cuero cabelludo y le crecerá el cabello. EL TRICÓFERO DE BARRY nutre los tejidos del cuero cabelludo, que suministran la fuerza generadora del cabello. El Tricófero es, ciertamente, un nutritivo del cabello. Elimina la causa de la calvicie, reconstituyendo el cuero cabelludo gastado e impotente. El público usa esta preparación desde 1801, cuando por primera vez se dio a conocer. Por más de cien años pues ha crecido al compás de la civilización."
En Internet pueden encontrarse algunos anuncios más sobre este producto; por ejemplo, los que aparecen en las imágenes 2ª y 3ª, que dicen así:
"Lo usan las principales familias de Asía, África, Europa y América. Este excelente artículo es reconocido como la mejor preparación para todo lo concerniente al cabello. Impide su caída, estirpa la tina y la caspa, y lo conserva siempre hermoso y brillante. Usándolo constantemente, son enteramente supérfinos los aceites, pomadas y demás artículos para el pelo. Está ricamente perfumado, con la esencia de las flores más esquisitas (sic), y se garantiza que hace crecer el cabello en los lugares calvos".

"UNA PROPAGANDISTA.
Las mujeres discretas huyen de las vulgaridades y "machonerías" de la política, para dedicarse a otro género de especulaciones y propagandas, más en analogía con las delicadezas de su sexo.
Las Luisa Michel, son la negación más absoluta de la idealidad femenina. Pero así como no comprendemos a la mujer electoral, no tenemos palabras para ponderar y aplaudir a las inteligentes y activas niñas que se dedican a hacer la propaganda de los artículos honestos, sanos, buenos y eficaces, que milagrosamente se han descubierto o inventado, para mantener o desarrollar los encantos de su belleza, don supremo con que la providencia ha querido dotar próvidamente a esta hermosa mitad del género humano.
Así cuando una joven, en nombre de los deberes que le impone esa misma naturaleza, pregona las virtudes excelsas de un productoq uímico como el gran Tricófero de Barry, único tópico que sin charlatanerías ni engaños, limpia, mantiene y da esplendor a los cabellos, encanto sobrenatural de la hermosura de la mujer, nos parece que esa joven llena una misión, pues secunda la obra de la sabiduría, divina, salvaguardando uno de sus supremos dones.
-El Tricófero de Barry, no es una droga- hemos oído decir a una de esas deliciosas propagandistas- El Tricófero de Barry es una inspiración celestial, puesta al servicio de los humanos, como uno de esos misteriosos yuyos vegetales, que dan la salud y salvan la vida. Este salva al cabello resucitándolo en su decadencia y tal vez en su muerte.
Febrero 1911"
Este producto fue comercializado por la firma Murray & Lanman (más tarde Lanman and Kemp Barclay), que aun existe, como puede verse en su página web.
La compañía abrió sucursal en Colombia en 1932; de modo que sus productos como el Agua de Florida, el jabón Reuter o el Tricófero de Barry, cuya fórmula debe ser más secreta que la de la Coca-Cola, comenzaron a formar parte, si no lo estaban ya, de la vida diaria y hogareña de muchos de sus ciudadanos.
Gabriel Garcia Márquez y Miguel Ángel Asturias recogen esta voz en sus respectivas novelas "El otoño del patriarca" y " Hombres de maíz". Dice el primero:
"....porque los mares son como los gatos, dijo, vuelven siempre, convencido de que los bancos de percebes de sus ingles eran el anuncio secreto de un amanecer feliz en que iba a abrir la ventana de su dormitorio y había de ver de nuevo las tres carabelas del almirante de la mar océana que se había cansado de buscar por el mundo entero para ver si era cierto lo que le habían dicho que tenía las manos lisas como él y como tantos otros grandes de la historia, había ordenado traerlo, incluso por la fuerza, cuando otros navegantes le contaron que lo habían visto cartografiando las ínsulas innumerables de los mares vecinos, cambiando por nombres de reyes y de santos sus viejos nombres de militares mientras buscaba en la ciencia nativa lo único que le interesaba de veras que era descubrir algún tricófero magistral para su calvicie incipiente..." (Pág. 258)
Y el segundo:
"Las voces de las mujeres que llegaban a la iglesia o cruzaban por allí cerca habla que te habla, lo hacían sacudirse, quejarse, alargar un brazo, encoger una pierna. Buscaba a la María Tecún, pero en lo remoto de su conciencia ya no la buscaba. La había perdido. Para hacer hablar a las mujeres, a la María Tecún la conocía sólo de oídas, se volvió achimero ambulante. Caminos, ciudades y ferias...
-!El espejito, niña, el espejito! !Peines! !Jabones! !Aguaflorida, para la florida niña! !Almanaques, hileras, listones, y los aritos de perlas! !Una pulserita, pañuelos, lápices, papel de amistad para enamorados, agujas, alfileres, peinetas, y estos vidriecitos con perjume: el heliótropo, la divinia, , el japonés! !Tricofero! !El tricofero! !Tómelo, llévelo, no estoy cobrando de más, es que la señorita apetecía el de la mujer trenzuda! !Las tierras del Señor!..." (Pág. 115)
Las mujeres discretas huyen de las vulgaridades y "machonerías" de la política, para dedicarse a otro género de especulaciones y propagandas, más en analogía con las delicadezas de su sexo.
Las Luisa Michel, son la negación más absoluta de la idealidad femenina. Pero así como no comprendemos a la mujer electoral, no tenemos palabras para ponderar y aplaudir a las inteligentes y activas niñas que se dedican a hacer la propaganda de los artículos honestos, sanos, buenos y eficaces, que milagrosamente se han descubierto o inventado, para mantener o desarrollar los encantos de su belleza, don supremo con que la providencia ha querido dotar próvidamente a esta hermosa mitad del género humano.
Así cuando una joven, en nombre de los deberes que le impone esa misma naturaleza, pregona las virtudes excelsas de un productoq uímico como el gran Tricófero de Barry, único tópico que sin charlatanerías ni engaños, limpia, mantiene y da esplendor a los cabellos, encanto sobrenatural de la hermosura de la mujer, nos parece que esa joven llena una misión, pues secunda la obra de la sabiduría, divina, salvaguardando uno de sus supremos dones.
-El Tricófero de Barry, no es una droga- hemos oído decir a una de esas deliciosas propagandistas- El Tricófero de Barry es una inspiración celestial, puesta al servicio de los humanos, como uno de esos misteriosos yuyos vegetales, que dan la salud y salvan la vida. Este salva al cabello resucitándolo en su decadencia y tal vez en su muerte.
Febrero 1911"
Este producto fue comercializado por la firma Murray & Lanman (más tarde Lanman and Kemp Barclay), que aun existe, como puede verse en su página web.La compañía abrió sucursal en Colombia en 1932; de modo que sus productos como el Agua de Florida, el jabón Reuter o el Tricófero de Barry, cuya fórmula debe ser más secreta que la de la Coca-Cola, comenzaron a formar parte, si no lo estaban ya, de la vida diaria y hogareña de muchos de sus ciudadanos.
Gabriel Garcia Márquez y Miguel Ángel Asturias recogen esta voz en sus respectivas novelas "El otoño del patriarca" y " Hombres de maíz". Dice el primero:
"....porque los mares son como los gatos, dijo, vuelven siempre, convencido de que los bancos de percebes de sus ingles eran el anuncio secreto de un amanecer feliz en que iba a abrir la ventana de su dormitorio y había de ver de nuevo las tres carabelas del almirante de la mar océana que se había cansado de buscar por el mundo entero para ver si era cierto lo que le habían dicho que tenía las manos lisas como él y como tantos otros grandes de la historia, había ordenado traerlo, incluso por la fuerza, cuando otros navegantes le contaron que lo habían visto cartografiando las ínsulas innumerables de los mares vecinos, cambiando por nombres de reyes y de santos sus viejos nombres de militares mientras buscaba en la ciencia nativa lo único que le interesaba de veras que era descubrir algún tricófero magistral para su calvicie incipiente..." (Pág. 258)
Y el segundo:
"Las voces de las mujeres que llegaban a la iglesia o cruzaban por allí cerca habla que te habla, lo hacían sacudirse, quejarse, alargar un brazo, encoger una pierna. Buscaba a la María Tecún, pero en lo remoto de su conciencia ya no la buscaba. La había perdido. Para hacer hablar a las mujeres, a la María Tecún la conocía sólo de oídas, se volvió achimero ambulante. Caminos, ciudades y ferias...
-!El espejito, niña, el espejito! !Peines! !Jabones! !Aguaflorida, para la florida niña! !Almanaques, hileras, listones, y los aritos de perlas! !Una pulserita, pañuelos, lápices, papel de amistad para enamorados, agujas, alfileres, peinetas, y estos vidriecitos con perjume: el heliótropo, la divinia, , el japonés! !Tricofero! !El tricofero! !Tómelo, llévelo, no estoy cobrando de más, es que la señorita apetecía el de la mujer trenzuda! !Las tierras del Señor!..." (Pág. 115)




























